«Solo saldrás de aquí deportado o muerto» Detención abusiva de inmigrantes en Ft. Bliss, Texas
Document Date:
July 15, 2026
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Press ReleaseJul 2026
Human Rights
Murtes Y Negligencia En El Centro De Detención Migratoria De Fort Bliss. Explore Press Release.Murtes y Negligencia En El Centro de Detención Migratoria de Fort Bliss
WASHINGTON -- Las personas recluidas en el centro de detención migratoria Camp East Montana, ubicado en la base militar estadounidense de Fort Bliss, en El Paso (Texas), han sido víctimas de graves abusos, señalaron hoy Human Rights Watch y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) en un informe conjunto publicado hoy. Las personas detenidas en Camp East Montana sufren agresiones físicas indiscriminadas, negligencia médica que ponen en peligro sus vidas, expulsiones coercitivas a “terceros países” desconocidos para ellas y, en algunos casos, condiciones de detención que podrían constituir desaparición forzada. El informe de 84 páginas, “‘Solo saldrás deportado o muerto’: abusos en el sistema de detención migratoria estadounidense en Fort Bliss”, documenta las condiciones en el mayor centro de detención migratoria del país. El centro tiene capacidad para albergar hasta 5.000 personas y está formado por cinco grandes estructuras de lona similares a carpas que alojan a las personas detenidas en recintos cerrados. En su interior, las personas entrevistadas señalaron que se las obligaba a vivir en condiciones insalubres y de hacinamiento, con hasta 72 personas alojadas en cada módulo. Human Rights Watch encontró indicios de prácticas punitivas de control migratorio, entre ellas condiciones de detención crueles, degradantes e inhumanas; uso excesivo de la fuerza por parte del personal de seguridad; falta de acceso a atención médica y de salud mental; prácticas coercitivas de deportación; y obstáculos sistemáticos para acceder a representación legal. “Camp East Montana, gestionado por ICE, es un desastre en materia de derechos humanos”, afirmó Angélica César, becaria Aryeh Neier de Human Rights Watch y la ACLU. “El gobierno de Estados Unidos debería cerrar este centro, llevar a cabo investigaciones independientes sobre todos los abusos y muertes bajo custodia, y poner fin a las deportaciones masivas y a la detención migratoria obligatoria”. Los investigadores entrevistaron a 80 personas, entre ellas 71 mientras permanecían detenidas en Camp East Montana, además de cuatro familiares y cinco representantes de organizaciones que prestan asistencia jurídica, entre octubre de 2025 y junio de 2026. También analizaron investigaciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y revisaron otros documentos relacionados con el centro de detención. Las personas entrevistadas señalaron que habían sido detenidas durante redadas en lugares de trabajo, controles de tráfico, citas con las autoridades migratorias y durante otras actuaciones de control migratorio en la vía pública. Más de 60 afirmaron haber sido arrestadas pese a presentar documentación que acreditaba su permanencia legal en Estados Unidos. De forma reiterada describieron arrestos llevados a cabo por agentes encapuchados que se negaban a identificarse y denunciaron casos en los que presuntamente se utilizó fuerza excesiva durante su detención, incluidas agresiones físicas y descargas con pistolas eléctricas. Las personas entrevistadas afirmaron haberse sentido como “secuestradas” ya que fueron trasladadas a distintas cárceles locales y centros temporales de detención sin posibilidad real de comunicarse con sus familiares ni con sus abogados. Human Rights Watch y la ACLU documentaron casos en los que los sistemas oficiales para localizar a personas detenidas no reflejaban correctamente su paradero. Familiares describieron la desesperación de buscar a sus seres queridos mientras el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) no les proporcionaba información sobre dónde habían sido trasladados. En algunos casos, las circunstancias de la detención podrían constituir desaparición forzada en virtud del derecho internacional de los derechos humanos. Una vez en Fort Bliss, las personas entrevistadas afirmaron haber sido sometidas a condiciones de vida crueles, degradantes e inhumanas que ponían gravemente en riesgo su salud física y mental. Relataron que los baños estaban cubiertos de excrementos, que los módulos se inundaban con frecuencia, que la limpieza era insuficiente y que no tenían acceso a jabón, desinfectante ni a otros artículos básicos de higiene. Las personas entrevistadas también señalaron que permanecían encerradas durante largos periodos sin acceso regular al aire libre ni a actividades recreativas. Algunas dijeron haber pasado semanas enteras sin poder salir al exterior. Durante gran parte de 2025, según explicaron, solo se les permitía salir al aire libre una vez cada dos semanas durante aproximadamente 15 minutos. “Entre agosto y septiembre pasé un mes entero sin ver el sol”, contó una persona. “Los guardias simplemente no nos sacaban al exterior. Todos estábamos cada vez más angustiados y desesperados porque no había nada que hacer. Me sentía atrapado; era una tortura”. Las personas entrevistadas también describieron horarios irregulares para las comidas, alimentos en mal estado y esperas de hasta 12 horas entre una comida y otra. Personas con diabetes y otras enfermedades relataron haber sufrido dolores de cabeza, alteraciones en los niveles de azúcar en sangre y otras complicaciones de salud tras quedarse sin comer o recibir alimentos en mal estado, congelados o, sencillamente, incomibles. Los investigadores también documentaron numerosas denuncias de abusos físicos cometidos por guardias y otros miembros del personal del centro. “Los guardias irrumpen en nuestro módulo en grupos de 15; a veces parecen ser hasta 20”, contó un hombre. “Van vestidos completamente de negro, llevan máscaras que les cubren todo el rostro salvo los ojos y no llevan identificación. Cuando entran, simplemente agarran a la primera persona que encuentran y empiezan a golpearlo... Ellos tienen el control y pueden hacer con nosotros lo que quieran”. Las personas entrevistadas afirmaron que los guardias golpeaban a las personas detenidas como represalia por participar en huelgas de hambre, solicitar atención médica, denunciar las condiciones de detención o pedir que se les permitiera salir al aire libre tras largos periodos de encierro. Varias señalaron que los guardias imponían castigos colectivos, agrediendo a varias personas después de acusar a una sola de haber infringido las normas del centro. Otras describieron insultos, humillaciones, amenazas y represalias contra quienes pedían artículos de primera necesidad o intentaban ejercer sus derechos. Una investigación interna de ICE también documentó usos de la fuerza no autorizados y no reportados en Camp East Montana. Los investigadores entrevistaron a personas que presenciaron la muerte de Gerardo Lunas Campos el 3 de enero de 2026 en Camp East Montana. Según sus testimonios, los guardias aparentemente asfixiaron a Lunas Campos después de que solicitara medicación mientras se encontraba en la Unidad de Alojamiento Especial, destinada al aislamiento. Un hombre relató: “Parecía que los guardias estaban golpeando a Gerardo, como si le dieran puñetazos y lo estuvieran lanzando violentamente contra el suelo. Gerardo gritaba pidiendo ayuda. Repetía una y otra vez: ‘¡No puedo respirar!’. Ellos siguieron golpeándolo. Luego dijo: ‘Me están asfixiando’. Después todo quedó en silencio”. Los investigadores documentaron reiteradas denuncias de que las autoridades no proporcionaban atención médica ni de salud mental adecuada a las personas recluidas en Camp East Montana. Todas las personas entrevistadas describieron fallos en el sistema para solicitar y derivar la atención médica del centro. Relataron retrasos prolongados para recibir tratamiento, interrupciones en la administración de medicamentos prescritos, evaluaciones médicas inadecuadas y respuestas punitivas ante emergencias médicas. Los investigadores también concluyeron que algunas personas detenidas fueron sometidas a presiones coercitivas para que renunciaran a sus solicitudes migratorias y aceptaran ser expulsadas a terceros países cuando no era posible devolverlas a su país de origen. Según relataron, fueron amenazadas con violencia, procesos penales y detención indefinida si se negaban a ser deportadas. Personas cubanas y venezolanas detenidas describieron intentos de trasladarlas a México pese a que sus procedimientos judiciales seguían en curso y a que temían sufrir daños allí. El gobierno de Estados Unidos debería cerrar Camp East Montana y llevar a cabo investigaciones independientes sobre las muertes bajo custodia, el uso excesivo de la fuerza, la negligencia médica, las desapariciones forzadas y las prácticas coercitivas de deportación, señalaron Human Rights Watch y la ACLU. Las autoridades deberían exigir responsabilidades a quienes cometieron estos abusos, garantizar reparación a las personas afectadas y poner fin a las políticas de detención migratoria que contribuyen a violaciones generalizadas de derechos humanos. “Los abusos documentados en Fort Bliss son una consecuencia previsible de la política de deportaciones masivas de la administración Trump, de la expansión brutal de la detención migratoria y del debilitamiento de los mecanismos federales de supervisión”, afirmó César. “Las personas recluidas en Camp East Montana son seres humanos que merecen ser tratados con dignidad y protegidos frente a cualquier daño”. -
Press ReleaseJul 2026
Report Finds Deaths, Neglect In Fort Bliss Immigration Detention. Explore Press Release.Report Finds Deaths, Neglect in Fort Bliss Immigration Detention
WASHINGTON – People held in the immigration detention camp at the U.S. Army’s Fort Bliss in El Paso, Texas have experienced serious abuse, Human Rights Watch and the American Civil Liberties Union (ACLU) said in a joint report released today. People detained at Camp East Montana have experienced indiscriminate beatings, life-threatening medical neglect, coercive removals to unfamiliar “third countries,” and, in some cases, experienced conditions of confinement that may amount to enforced disappearance. The 84-page report, “‘You’re Only Getting Out Deported or Dead’: Abusive US Immigration Detention at Ft. Bliss,” documents conditions at the largest immigration detention facility in the United States. The detention camp has the capacity to hold up to 5,000 people and consists of five “soft-sided” tent-like structures that house detained people in penned enclosures. Inside, detainees said they were forced to live in filthy and cramped conditions with up to 72 people housed in each pod. Human Rights Watch found evidence of punitive immigration enforcement practices, including cruel, degrading, and inhumane detention conditions; excessive force by guards; failures to provide medical and mental health care; coercive deportation practices; and systemic barriers to legal representation. “ICE’s Camp East Montana is a human rights disaster,” said Angélica César, Aryeh Neier Fellow at Human Rights Watch and the ACLU. “The US government should shut it down, conduct independent investigations into all abuses and deaths in custody, and put an end to mass deportations and mandatory immigration detention.” Researchers interviewed 80 people, including 71 while they were detained at Camp East Montana, their family members, and legal service providers from October 2025 to June 2026. Researchers also analyzed Department of Homeland Security (DHS) investigations and reviewed other records relating to the detention camp. People interviewed said they had been apprehended during workplace raids, traffic stops, immigration appointments, and other community encounters. More than 60 said they were arrested despite displaying documentation that demonstrated their lawful presence in the United States. They consistently described arrests carried out by masked officers who refused to identify themselves and reported instances in which agents allegedly used excessive force, including beatings and tasers, while apprehending them. People interviewed said they felt they had been “kidnapped” after being transferred through local jails and temporary holding facilities without meaningful communication with family members or lawyers. Human Rights Watch and the ACLU documented cases in which government detention locator systems did not accurately reflect detainees’ whereabouts. Family members described desperately searching for loved ones while Immigration and Customs Enforcement (ICE) failed to provide answers to questions regarding where detainees had been taken. In some cases, the circumstances of detention may amount to enforced disappearance under international human rights law. Once at Fort Bliss, people interviewed said they experienced cruel, degrading, and inhumane living conditions that posed serious risks to their physical and mental health. They reported bathrooms covered in feces, flooded cells, inadequate cleaning, and no access to soap, sanitizer, and other basic hygiene supplies. People interviewed also reported being held indoors for prolonged periods without meaningful access to recreation, sunlight, or fresh air. Some said they spent weeks without being allowed outside. During much of 2025, those interviewed said they were allowed outdoor recreation only once every two weeks for approximately 15 minutes at a time. “Between August and September, I went a month without seeing the sun.” one person said. “The guards were just not taking us outside. We were all becoming anxious and desperate with nothing to do. I felt trapped, it was torture.” People interviewed also described inconsistent meal schedules, spoiled food, and delays of up to 12 hours between meals. People with diabetes and other medical conditions reported headaches, blood sugar fluctuations, and other health complications after missing meals or receiving food that was spoiled, frozen, or otherwise inedible. Researchers also documented widespread allegations of physical abuse by guards and facility personnel. “The guards run into our pod in groups of 15, sometimes it looks like 20,” one man said. “They are dressed in all black, wear masks that cover everything but their eyes, and don’t wear name tags. When they come, they just run in, grab whoever they can and start to beat them… They are in control and can do whatever they want with us.” People interviewed reported that guards beat detainees in response to hunger strikes, requests for medical attention, complaints regarding detention conditions, and efforts to obtain outdoor recreation after prolonged periods of confinement indoors. Several people said that guards imposed collective punishment, striking or assaulting multiple people after accusing one detainee of violating facility rules. Others described verbal abuse, humiliation, threats, and retaliation against detainees who asked for necessities or attempted to assert their rights. An internal ICE investigation similarly documented impermissible and unreported uses of force at Camp East Montana. Researchers interviewed witnesses to the death of Gerardo Lunas Campos on January 3, 2026, at Camp East Montana. Witnesses said that guards apparently asphyxiated Lunas Campos after he requested medication while in the Special Housing Unit, or solitary confinement unit. One man said: “It sounded like guards were hitting Geraldo, like his body was being punched and slammed. Geraldo screamed for help. He said ‘I can’t breathe!’ many times. They continued to beat him. He said: ‘You are suffocating me.’ Everything went silent.” Researchers documented repeated allegations that authorities failed to provide adequate medical and mental health care to people held at Camp East Montana. Every person interviewed described failures in the facility’s medical request and referral system. They reported prolonged delays in receiving treatment, interruptions in prescribed medications, inadequate medical assessments, and punitive responses to medical emergencies. Researchers found that some detainees were subjected to coercive efforts to pressure them into abandoning immigration claims and accepting removal to third countries if they could not be sent back to their own country. They said they were threatened with violence, criminal prosecution, and indefinite detention if they refused deportation. Cuban and Venezuelan detainees described efforts to transfer them to Mexico despite ongoing legal proceedings and their fears of harm there. The U.S. government should close Camp East Montana and conduct independent investigations into deaths in custody, excessive force, medical neglect, enforced disappearances, and coercive deportation practices, Human Rights Watch and the ACLU said. Officials should hold those responsible for abuse to account, provide remedies to those harmed, and end immigration detention policies that contribute to widespread rights violations. “The abuses documented at Fort Bliss are the predictable outcome of the Trump administration’s mass deportation agenda, its brutal expansion of immigration detention, and the erosion of federal oversight mechanisms,” César said. “People at Camp East Montana are human beings who deserve to be treated with dignity and protected from harm.” The report is available here. This press release is available in Spanish here. This report is available in Spanish here.